Nairo Quintana descuenta otro obstáculo

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Alberto Contador desnudó sus intenciones y todos se pusieron en guardia. El pinteño, antes de tomar la salida, a la sombra del autobús del equipo Tinkoff, puso a su equipo a hacer rodillo. Calentamiento de músculos en zafarrancho de combate. El escenario era idóneo para presentar batalla y atentar contra el dominio de Nairo Quintana.

La tremenda subida de Mas de la Costa era temida. Nadie desoyó la advertencia de Javier Guillén: «Es sencillamente brutal, increíble». El director de la Vuelta alertó sobre las dificultades para escalar este puerto inédito, de 3.800 metros de longitud, al 12,5% de desnivel y con tramos del 21%. Una subida corta, explosiva, esas que encantan al máximo responsable de la ronda española.

El miedo caló en el pelotón. En el trayecto hasta las estribaciones del pico más alto de Castellón se realizó con las orejas tiesas, sin margen para la improvisación, sin errores. Marcaje estrecho entre el colombiano, Froome, Contador y Esteban Chaves. Sus respectivos equipos dejaron hacer, permitiendo la consumación de una escapada numerosa, integrada por 28 unidades, que pronto adquirió una ventaja de siete minutos.

Los grandes candidatos optaron por reservar balas para el tramo final, cuando la carretera desaparece y entra en un callejón angosto, con un firme irregular, una rampa que corona en el balcón de Llucena. Ahí, donde mantener la verticalidad es una proeza. Ahí, donde se negocian curvas de herradura empinadísimas. Ahí, donde se avanza más andando que pedaleando. Ahí, donde desprenderse de sus rivales supone un esfuerzo supremo, como el que hizo Alberto Contador a poco más de un kilómetro de la meta.

El pinteño, siempre tan inconformista, atacó con ese acelerón característico de 25 metros que parece irresistible. Pero el madrileño carece del fondo y la fuerza para mantener una ofensiva constante. No aprieta lo suficiente. Son acometidas de coraje, de rabia, por las contrariedades sufridas en una temporada ingrata. Se enfada porque nada le sale como quisiera. Pero sus arreones encandilan al público e inquietan a los enemigos. A él no le vale el podio. Quiere lo máximo, pero no remata. Nairo le controló a corta distancia. Chaves aguantó. Sólo Froome pasó apuros, pero volvió a exhibir esa gran capacidad de sacrificio y esa facilidad para gestionar esfuerzos agónicos. Al final, los cuatro entraron juntos, a 3.27, del ganador, el suizo Mathias Frank, el más despierto de la fuga buena de la jornada. La resolución de carrera será en dos actos: la crono del viernes y la subida al Alto de Aitana del sábado.

Contador lamentó el excesivo control que hubo en la etapa: «Quizás haya habido demasiada vigilancia. Cuando vi a Froome por detrás aceleré un poco para ver cómo iban las cosas. El hecho de que no estuviera en juego la victoria de etapa hizo que los primeros de la general hayamos corrido al final más tranquilos».

Quintana prefirió reservar energías para otros desafíos: «Ha sido un puerto duro, hubo cierto nerviosismo y he preferido no atacar. Me he defendido bien. La sensaciones son buenas». El colombiano parece tranquilo, pero desconfía.

Extraído de El Mundo

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